Hace unas dos semanas nos percatamos que nuestro piso estaba habitado por un pequeño roedor casero. Lo supimos porque mi compañero lo vio paseándose alegremente por el suelo de la cocina  mientras yo no estaba en casa. Su reacción natural fue intentar exterminar al peludo individuo, comprando trampas de cola, en las que el bicho se queda pegadito al pasearse por encima de ellas. 

Cuando llegué a casa y se me anunció la aparición del ratón y de la existencia de dos trampas escondidas estrategicamente, me mostré más consternada con el daño que harían las trampas que el animalillo en sí. Sobretodo porqué resulta que si atrapas un ratón con esas trampas, el bichejo va a estar vivo y tienes que rematarlo tú, con tus artes. Ahí yo ya dejé clara mi postura de que no voy a darle el golpe fatal a un bichejo más grande que un mosquito, no me sale. 

Esa noche me costó horrores conciliar el sueño, precisamente pensando que no quería que cayera en las trampas, y empecé a pensar en el ratón en buenos terminos. Total, sólo lo vimos una vez, no nos roba comida y es super pequeño, no nos va a atacar. Hace frío, y el pobre solo busca un sitio donde resguardarse y pasar la noche, agarrando migajas aquí y allá. No es necesaria una reacción desmesurada y matar a un ser vivo que ni nos hace daño y que quiere pasar inadvertido. 

Las trampas siguieron ahí una semana, y prácticamente asumimos que el ratón estaba sólo de visita. 

Pero el susodicho volvió a aparecer, esta vez estando yo presente. Estábamos viendo Mad Men con las luces apagadas, y por el rabillo del ojo vi algo entrar por debajo de la puerta de la entrada. Pero no le dí mucha más importancia. Unos minutos más tarde, mi compañero lo vio pasar como un rayo por el suelo de la cocina. 

La reincidencia nos hizo pensar que este ratón vive en el edificio pero no concretamente en nuestro piso. Y yo me pasé el resto de la noche buscando información en internet sobre si debíamos, o no, matarlo. Y encontré la solución de las trampas humanas, en las que atrapas el bicho en una cajita, sin dañarlo, y luego lo devuelves a la libertad, varios metros lejos de tu casa, porque los cabroncetes recuerdan el camino. Así que decidimos deshacernos de las trampas pegajosas, porque informándome descubrí que estas trampas muchas veces mutilan al ratón, al intentar este deshacerse del cautiverio, dejando miembros y vísceras pegadas en él mientras se va a morir en algún rincón escondido donde no puedes llegar para sacar el cadáver. Una solución perfecta, si lo que quieres es deshacerte de él, no hace falta masacrarlo. 

Pero desde que conocemos la existencia de éste ratón, al que nombramos Ernest, hemos adquirido ciertos hábitos como dejar la cocina hiper limpia siempre después de usarla o ir con mucho cuidado con las migajas si estamos en el sofá, mirar donde pones los pies, sobretodo cuando nos vamos a dormir, o despedirnos de Ernest cuando nos vamos de casa. 

Así que de momento seguimos compartiendo piso con un ratón llamado Ernest, que una cocina no es una cocina de verdad sin un roedor que habite en ella, que no hay que ponerse histérico, que hay que entender que el ratón no está planeando matarnos mientras dormimos, y que tiene tantas ganas de vernos como nosotros a él. Aunque estaría bien que si vive con nosotros contribuyera en el alquiler

6 thoughts on “Compartiendo piso con un ratón

    1. No he encontrado cacas, y eso es especialmente cierto si tienes una infestación. Pero yo toda mi vida he tenido ratones en la cocina de mis padres entrando y saliendo y no nos ha pasado nunca nada.

      Sobretodo si buscas esa información en una página de exterminio de plagas te lo van a pintar especialmente mal.

      De todas formas, los ratones que puedes encontrar en Londres no son ratones de campo, que son los que, según este artículo, son portadores de tantas enfermedades.

  1. Laia, em sento super identificada. A mi em va passar el mateix i vaig passar pel mateix proces que tu, nomes que jo vivia sola. La meva experiencia personal es que el c. del ratoli mai va caure en les meves “trampes humanes” per mes bo que fos el menjar que hi posava, i em va anar agafant confiança fins al punt que se’m passejava per davant com si res i fins i tot un dia es va parar, es va posar sobre dos potes i em mirava… igualet al Remi de Ratatoulle. Al final, la meva solucio va ser trobar per on entrava i taponar l’entrada. Resulta que hi havia un forat al parquet sota el sofa, i entrava per alla. Era a Amsterdam…
    Va ser un malson. Ara, aixo si, la cuina estava super neta i rentava els plats abans i despres de menjar😉

      1. Ostres Julia! Que fort! Si esque són uns descarats! El nostre de moment es mostra molt tímid, i ja et dic, que em sembla que no viu aquí. Jo crec que té algún tipus de recorregut o ruta d’inspecció. Perquè aquí ja recollim fins a les més míseres engrunetes!!

        Petons!!

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